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Este libro no es una autoficción.
Se trata de un protocolo de intoxicación voluntaria
a base de testosterona sintética que concierne
el cuerpo y los afectos de B.P. Es un ensayo corporal.
Una ficción, es cierto. En todo caso y si fuera
necesario llevar las cosas al extremo, una ficción
autopolítica o una autoteoría. Durante
el tiempo que dura este ensayo suceden dos mutaciones
externas en el contexto próximo del cuerpo experimental,
cuyo impacto no había sido calculado, ni hubiera
podido computarse como parte de este estudio, pero que
constituyen los dos límites en torno a los que
se adhiere la escritura: primero, la muerte de G.D.,
condensado humano de una época que se desvanece,
ídolo y último representante francés
de una forma de insurrección sexual a través
de la escritura; y, casi simultáneamente, el
tropismo del cuerpo de B.P. hacia el cuerpo de V.D.,
ocasión irrenunciable de perfección y
de ruina.
Se registran aquí
tanto las micromutaciones fisiológicas y políticas
provocadas por la testosterona en el cuerpo de B.P.,
como las modificaciones teóricas y físicas
suscitadas en ese cuerpo por la pérdida, el deseo,
la exaltación, el fracaso o la renuncia. No me
interesan aquí mis sentimientos, en tanto que
míos, perteneciéndome a mi y a nadie más
que a mi.
No me interesa lo que de
individual hay en ellos. Sino cómo son atravesados
por lo que no es mío. Por aquello que emana de
la historia del planeta, de la evolución de las
especies vivas, de los flujos económicos, de
los residuo de las innovaciones tecnológicas,
de la preparación de las guerras, del tráfico
de esclavos y de mercancías, de las instituciones
penitenciarias y de represión, de las redes de
comunicación y vigilancia, de la producción
de jerarquías, del encadenamiento aleatorio de
técnicas y de grupos de opinión, de la
transformación bioquímica de la sensibilidad,
de la producción y la distribución de
imágenes pornográficas. Para algunos,
este texto podrá hacer oficio de un manual de
bioterrorismo de género a escala molecular. Para
otros, será simplemente un punto en una cartografía
de la extinción.
No hay conclusión
definitiva a cerca de la verdad de mi sexo, ni profecía
sobre el mundo a venir. Expongo al lector estas páginas
que relatan los cruces de teorías, moléculas
y afectos para dejar una huella de una experiencia política
cuya duración exacta fue de 236 días y
noches y que continúa hoy bajo otras formas.
Si el lector encuentra dispuestos aquí, sin solución
de continuidad, reflexiones filosóficas, narraciones
de sesiones de administración de hormonas y relatos
detallados de prácticas sexuales es simplemente
porque éste es el modo en el que se construye
y se deconstruye la subjetividad.
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